domingo, 7 de abril de 2013

La Última Confesión




La asesina tenía una cita todos los días en el confesionario, allí lavaría sus culpas a cambio de una penitencia, la de rezar un par de padres nuestros. Lo que ella no sabía, era que el sacerdote que perdonaba sus pecados se estaba alimentando de cada relato, el hecho de que fueran tan diferentes, y que le contara las emociones que le traía; le alimentó su curiosidad; tanto así que en una de las confesiones de aquella mujer, sacó un arma y le disparó. Inmediatamente fue a confesarse. La historia comenzaba nuevamente.

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